
En el taller de iconos Jean de Saint Denis, la práctica de la oración es una extensión de la mano junto al pincel y al temple de yema de huevo. La imagen se revela a medida que el diseño comienza a tomar forma con cada capa de color, la gráfica del dibujo inicial toma volumen hasta fundirse con cada pliegue, dando luces y sombras en una extensión de la luz emanada del rostro de la figura central. No buscamos una imagen de representación, sino, capturar la impronta del espíritu que emana de la figura a representar; imagen de la belleza.